ESCENOGRAFÍA
7 AÑOS EN TIBET CON BRAD PITT | USPALLATA

Colaborar en la escenografia de
SIETE AÑOS EN EL TIBET,
una verdadera experiencia.
Una experiencia que es una fiesta para los sentidos y un atentado contra los más elementales principios del razonamiento ya que a juzgar por lo visto, la utopía existe y queda en Mendoza.
En las afueras de la localidad de San Martín, un enorme predio donde funcionaba un complejo de depósitos,

es tierra liberada para el rodaje de "Siete años en el Tíbet", el film de Jean-Jacques Annaud, protagonizado por Pitt. Inútil es buscar aquí algún vestigio de realidad, de coherencia geográfica, de lógica temporal. Aquí la vida transcurre en dimensión onírica.
Evidentemente, se trata de un sueño de grandeza.
Gigantescas estructuras de caños metálicos y madera;
escaleras que desafían al cielo; una típica calle tibetana; un edificio de tres pisos que lleva al corazón del mundo oriental; Brad Pitt hablando por un teléfono celular mientras
camina a cielo abierto, después del almuerzo y antes de regresar al set. Un grupo de hombres tibetanos, vestidos de soldados y aguardando su turno para filmar con la segunda unidad, se recuesta en el césped, frente a la megaestrella, dejándole vivir su vida con todo respeto, como si no estuviera en la Argentina del acoso y las avalanchas; un reguero de vehículos utilitarios siempre listas para partir donde la producción indique; un puñado de vehículos que han renunciado a su destino de movimiento para travestirse en motor-homes, esa suerte de casas trashumantes que alojan a los actores durante las largas horas de espera que implica toda filmación; galpones capaces de abrigar bajo un mismo techo templos budistas, una casa austríaca de los años "50 y el despliegue de una troupe de rodaje contemporánea que trabaja aquí y ahora, para contar una historia que sucedió allá lejos y hace tiempo.